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DesignLifer: Costeable

¿Qué piensas cuando ves a otro diseñador cobrando cifras irrisorias por un trabajo? Quizá te estás dando golpes de pecho porque estás en el camino incorrecto.

«Si haces buenos trabajos para buenos clientes, eso te llevará a otros buenos trabajos para otros buenos clientes. Si haces malos trabajos para malos clientes, te llevará a hacer otros malos trabajos para otros malos clientes.» —Michael Bierut

Hace tiempo uno de nuestros clientes se autoincriminó en una conversación que tuvimos: —Si claro, yo tengo alguien más (aparte de ustedes), un «chambitas» que me hace bomberazos muy rápidos, como subirle el puntaje al nombre, hacer un diseño rápido para un catálogo o un retoque exprés.— Yo no supe qué cara poner; por un lado es trabajo que deberíamos hacer nosotros al ser su proveedor de diseño, pero por otro, también el cliente tiene todo el derecho a contratar a quien quiera para el trabajo que le venga en gana.

Tal pareciera que los diseñadores vivimos eternamente indignados que nuestros propios colegas cobren menos por el mismo trabajo. No digo que no tengan razón, solo que pocas veces profundizamos en los efectos que provocan este fenómeno más allá de que siempre haya alguien dispuesto a rebajar su trabajo a niveles irrisorios.

Podemos quedarnos con la frialdad de los datos duros: ¿Por qué un diseñador cobra $1,000 por un trabajo y otro $100 mil? La respuesta automática es «por competencia desleal». Porque sabemos que quien cobra $1,000 tarde o temprano va a acabar perdiendo. Cuando de ser un solo trabajo de una hora se convierta en una jornada laboral, cuando en vez de un proyecto sean veinte y ya no tenga tiempo de sacarlo y no le alcance para contratar a un asistente que le ayude, cuando su computadora no dé más (porque es la misma que usaba cundo estudiaba) y tenga que comprar una nueva y no le vea beneficio, cuando se dé cuenta que trabaja demasiado y no gana el proporcional, por además, nunca puso un freno al número de cambios o repeticiones. Así podemos hacer esta lista interminable, lo concluimos es que pronto se dará cuenta que no es negocio, y lamentablemente ya no podrá ir con el cliente y decirle: «Necesito subir mis costos mil por ciento para que me salga». Entonces comenzará a bajar el nivel de atención y dedicación, pronto seguramente el cliente se dará cuenta y buscará a su reemplazo, otro que le vuelva a sacar el mismo diseño por mil pesos.

En ese instante el diseño gráfico pierde un cliente, porque ha quedado encasillado en un tabulador sumamente bajo, de tal manera que difícilmente aceptará pagar diez veces más. Lo más seguro es que además, el diseñador no haya estado a la altura de sus expectativas, así que en la primera oportunidad se lo dará a algún entusiasta que sepa dibujar y tenga buenas ideas.

Bajo esa perspectiva estamos de acuerdo que el diseñador, alguna vez baratero, terminará cobrando lo justo a otro cliente, pero tuvo que pasar por ese trago amargo. Lo peor es que casi todos hemos estado en esa posición, especialmente cuando somos novatos y contamos con cero experiencia. Eso obviamente excluyendo que existen diseñadores que cobran barato eternamente, que han adoptado así su forma de vida. Por lo mismo, podemos deducir que el campo del diseño da para eso y más. Si sales a la calle a vender puedes posicionarte con el dueño de la tienda de abarrotes al que terminarás cobrando una décima parte de lo que podrías requerirle a un cliente más grande.

Siempre he dicho que existen clientes para diseños de mil pesos, para diseños de diez mil y diseños de cien mil. Más no se trata de una voluntad o un falso posicionamiento el que nos hace saltar de un tabulador a otro. Existen ciertas justificantes que nos ayudan a entender nuestra posición en el mercado. Lo primero que deberíamos preguntarnos es, ¿por qué un cliente estaría dispuesto a pagar cien veces más por un proyecto? Porque existen diferentes tipos de cliente para cada tipo de diseñador.

Otra justificante sería el paquete de servicios que ofrece cada diseñador, despacho o agencia. Un diseño de cien mil pesos casi nunca es equivalente al de mil en cuanto al resultado final, al entregable pues. Piensa en el diseño de un logo: el de mil pesos ofrece un logo, el de diez mil una identidad corporativa y el de 100 mil un sistema integral de branding, que cubre los anteriores más estudios, investigaciones, acompañamiento en el posicionamiento de la marca y mayor trabajo de integración.

Un diseñador cobra mil pesos por un logo, y el resultado está muchas veces condicionado a su presente laborar: que no se enferme en el proceso, que su computadora funcione correctamente, que no se encuentre en el camino un proyecto más apetitoso que distraiga su atención. El de cien mil ofrece una estructura que garantice la finalización del proyecto, una metodología a la cual apegarse con la capacidad de sortear incluso trabas que los clientes van poniendo en el camino, como decisiones corporativas, burocracia no solo en el proyecto práctico, sino en la parte administrativa, soluciones más encaminadas a un conocimiento en procesos, funcionamiento y mentalidad corporativa, especialmente en el ramo al que pertenece su cliente.

Así que si excavamos en las razones de por qué existe uno y otro diseñador, cada uno tiene una función que cumplir en la libre economía: hay suficientes clientes de mil pesos para diseñadores de mil pesos como para indignarnos cada que vez que los encontramos en nuestro camino. Pero pensemos al revés, quizá estamos en el camino equivocado, en el de los clientes baratos. Si es así, imagina que tienes el automóvil correcto para cambiarte a la carretera de los clientes correctos, haz los ajustes que requieras y cámbiate. Te darás cuenta que hay clientes para ti, y los suficientes como para que te olvides que existe el camino por el que alguna vez caminaste, el del enojo y los golpes de pecho.

 

 

 

 

Te tenemos grandes noticias: el próximo 28 de junio de 2018 se llevará a cabo  la masterclass ¿Cuánto cobrar por mis diseños?, que preparan Paredro y nuestro colaborador Mario Balcázar, ahí se  tocarán los siguientes temas:

  • ¿Qué debo saber sobre el cliente, antes de realizar una propuesta?
  • ¿Qué debemos cobrar?
  • La fórmula para hacer cotizaciones
  • Lo que no debes decir al cliente al presentar tu propuesta
  • Conclusiones

Este encuentro se llevará a cabo en Atelier26, Centro de Capacitación Urbana, ubicado en Xola 535, piso 26 Col. Del Valle, Ciudad de México. Si quieres formar parte de este evento, pulsa aquí o llama desde la Ciudad de México al teléfono  5516 2346, extensión 137 y al 01800 715 8444 del resto del país.

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